¿Qué se aprende cuando se deja la sala de clases en Chile para vivir el rigor académico, la cultura empresarial y el día a día de una de las economías más competitivas del mundo? Para este estudiante del MBA USACH, cursar el programa de Doble Grado en la Universidad de Münster ha significado mucho más que una experiencia internacional: ha sido una inmersión en una nueva forma de entender la gestión, el liderazgo y la innovación. Entre clases con estudiantes de distintas nacionalidades, recorridos en bicicleta por la ciudad y el desafío de adaptarse a una cultura donde la planificación, la disciplina y el cumplimiento de los acuerdos son parte de la vida cotidiana, hoy comparte los aprendizajes que espera convertir en un puente entre las mejores prácticas europeas y el desarrollo empresarial chileno.
Actualmente te encuentras cursando un programa de Doble Grado en Alemania. ¿Qué te motivó a postular a esta experiencia internacional y cómo fue el proceso para concretarla?
Mi principal motivación fue la inmersión cultural y el idioma. Quería practicar y perfeccionar mi inglés, que sentía que se estaba oxidando, y vivir la cultura alemana desde adentro, ya que había venido de viaje antes, pero residir en un país tan grande y diverso es una experiencia totalmente distinta. Respecto al proceso, la clave fue la planificación extrema. El trámite no fue difícil porque hice todo con mucho tiempo de anticipación; por ejemplo, postulé a los departamentos para estudiantes con un año y medio de antelación. En Alemania, si planificas con antelación y sigues las reglas, todo fluye.
¿Cuáles han sido tus primeras impresiones de la vida académica en la Universidad de Münster y qué diferencias has observado respecto al sistema educativo chileno?
La principal diferencia es la dedicación exclusiva; para los alemanes, este programa es de tiempo completo y la carga académica así lo exige. El sistema es muy exigente y utiliza mucho el modelo de ‘aula invertida’, donde debes llegar a clases con lecturas y trabajos ya preparados. Al ser una Universidad de Ciencias Aplicadas (FH Münster), la enseñanza es muy deductiva: los profesores te dan el tiempo y el espacio para pensar, debatir y llegar a conclusiones con tus compañeros, en lugar de simplemente explicar la materia. En cuanto a nivel de exigencia, es muy similar al rigor del MBA de la USACH, pero con un enfoque netamente europeo y global.
Desde el punto de vista de la gestión y los negocios, ¿Qué aprendizajes o enfoques te han llamado más la atención durante tu experiencia en Alemania?
Me ha llamado mucho la atención la dicotomía entre la alta burocracia y la extrema efectividad del sistema. Para hacer negocios o trámites, hay que cumplir una serie de pasos muy estrictos, ya que un alto nivel de burocracia es típico en Alemania. Hay muchos formularios que llenar para todo, desde vacaciones hasta notas de enfermedad. Sin embargo, la ética laboral alemana enfatiza la eficiencia, la disciplina y el sentido de comunidad. Los acuerdos se cumplen rigurosamente porque la confiabilidad es muy valorada. Si te dicen que un trámite demorará seis meses, debes esperar ese tiempo; las interacciones suelen ser amigables pero muy enfocadas en los negocios, por lo que no sirve escribir para ver “cómo vamos”. Es un sistema lento, pero el feedback se entrega de forma directa y, al final, es tremendamente efectivo.
¿Cómo ha contribuido la formación recibida en el MBA USACH a enfrentar los desafíos académicos y culturales de estudiar en un contexto internacional?
El MBA de la USACH me entregó una base analítica y estratégica fundamental para adaptarme a un entorno tan exigente. Asignaturas como Administración Estratégica y Estrategia de Negocios, donde aprendimos a alinear objetivos y evaluar el entorno, o Pensamiento Creativo y Gestión, me prepararon para el modelo de aula invertida y la resolución de casos complejos que exige la FH Münster. Además, los ramos de Comunicación Efectiva y Liderazgo y Coaching me dieron las herramientas blandas necesarias para interactuar, debatir y trabajar en equipos multiculturales, lo cual es vital en un programa internacional.
La convivencia con estudiantes de distintas nacionalidades suele enriquecer la experiencia formativa. ¿Qué aprendizajes te ha dejado el intercambio cultural dentro y fuera de las salas de clase?
Ha sido sumamente enriquecedor. La recepción fue excelente; los estudiantes me recibieron con un programa de acompañamiento para ayudarme durante las primeras semanas. La mayoría de mis compañeros son alemanes, y he aprendido a interactuar con ellos respetando sus códigos, como la puntualidad, que aquí es muy importante; si vas a llegar tarde, debes avisar. Fuera de la universidad, algo que me ha marcado es que Münster es la capital de las bicicletas de Alemania. Desde que conseguí mi primera bicicleta, retomé ese sentido de libertad al poder andar por la ciudad tranquilamente. Toda la infraestructura está adaptada para las bicicletas: calles exclusivas, semáforos especiales y una cultura vial donde el ciclista tiene prioridad. Además, al ser una ciudad tan cosmopolita, he forjado amistades con personas de China, India, Brasil, lo que me ha dado una perspectiva global inestimable.
Alemania es reconocida por su desarrollo industrial, innovación y eficiencia organizacional. ¿Has tenido la oportunidad de conocer prácticas empresariales que consideres relevantes para aplicar en Chile?
Absolutamente, en especial el modelo del Mittelstand y los Hidden Champions. El Mittelstand se refiere a las empresas (generalmente familiares) que son la verdadera columna vertebral de la economía alemana. Operan con una visión a muy largo plazo, pasando de generación en generación. Por otro lado, los Hidden Champions (campeones ocultos) son empresas de este mismo segmento que, sin ser marcas famosas para el público general, son líderes mundiales absolutos en nichos altamente especializados. En Chile solemos buscar el crecimiento rápido; el modelo alemán nos enseña que la hiperespecialización y la mirada a largo plazo son la clave para el liderazgo.
¿Cuál ha sido el desafío más importante que has enfrentado durante esta experiencia y cómo has logrado superarlo?
He tenido dos grandes desafíos. El primero fue el idioma, ya que llegué sin hablar alemán. La solución ha sido la constancia y la disciplina: estudio al menos una hora diaria más mi clase semanal, y me obligo a salir de mi zona de confort pidiendo cosas en los negocios y practicando en cada oportunidad. El segundo gran desafío ha sido la búsqueda de una empresa alemana para realizar mi tesis. Entrar al mercado laboral aquí es culturalmente distinto, requiere navegar el mercado oculto de trabajos, hacer networking y entender que a los nuevos empleados se les exige mucha responsabilidad personal y trabajar de forma independiente muy rápido.
¿De qué manera esta experiencia internacional ha impactado tus objetivos profesionales y tu visión sobre el liderazgo y la gestión de organizaciones?
Me ha dado una visión mucho más equilibrada. He notado que el liderazgo alemán es sumamente pragmático y perfeccionista. Ellos normalmente lideran con la estructura, es decir, rápidamente entiende que hacer y para cuándo y con eso avanzan disciplinadamente. Aunque existen jerarquías, la cooperación es a menudo relajada y muy colegial, y se permite expresar críticas siempre que sea con respeto. Tienen ideas brillantes, pero a veces no paran nunca de intentar mejorar las cosas. Aquí es donde entra el valor de nuestra cultura: nosotros aportamos la intuición y la agilidad para tomar decisiones sin “sobre pensar” tanto.
Otro impacto enorme ha sido ver la importancia que le dan al equilibrio entre el trabajo y la vida personal; muchos se esfuerzan por separar estrictamente su vida laboral de la privada, valorando enormemente su tiempo de ocio tras el trabajo. Mi objetivo ahora es fusionar ambos estilos: adoptar la planificación y la conciliación alemana, inyectándole la velocidad de ejecución chilena.
¿Qué recomendarías a otros estudiantes y egresados/as del MBA USACH que estén considerando participar en un programa de doble grado o intercambio internacional?
Primero, que se atrevan; es una oportunidad magnífica para disfrutar la cultura alemana y experimentar otra forma de vivir la universidad. Mi mayor recomendación es la planificación rigurosa con los trámites y tiempos. Además, les diría que vengan dispuestos a integrarse; aprovechen el ecosistema de emprendimiento, hagan redes de contacto, busquen involucrarse en proyectos locales, ¡y cómprense una bicicleta apenas lleguen para empaparse del verdadero ritmo de la ciudad!
Mirando hacia el futuro, ¿Cómo esperas aprovechar los conocimientos, competencias y redes de contacto desarrolladas en Alemania para contribuir a tu desarrollo profesional y al entorno empresarial chileno?
Mi paso por Münster me ha dado varias ideas de negocio que aún no están desarrolladas en Chile. Al vivir el ecosistema alemán, he visto cómo integran la digitalización y la sostenibilidad en procesos del día a día, además de servicios hiperespecializados al estilo de los Hidden Champions. A mi regreso, quiero aprovechar esa experiencia para implementar modelos B2B más eficientes y utilizar las redes de contacto que he forjado para actuar como puente entre empresas chilenas y las mejores prácticas operativas europeas.
Si tuvieras que resumir tu experiencia de Doble Grado en una sola frase, ¿Cuál sería y por qué?
Mi frase sería: “Ven a descubrir el verdadero significado del «Made in Germany», y conviértete en parte de él”. La elijo porque siempre escuchamos sobre la calidad y el prestigio alemán, pero estar aquí te enseña que no es casualidad; es el resultado de planificación, respeto por los acuerdos, una cultura laboral sólida y mucha colaboración. Vivirlo desde adentro te cambia la perspectiva por completo.
Entrevista realizada por: Vinculación con el Medio MBA USACH





